Emilio Nicoli, guitarrista de Asterión, dejó marcada su posición con respecto a las dificultades que tienen las bandas under para tocar y le preocupa que “los músicos crecen creyendo que es normal” pagar. Además, develó de donde surgió el nombre del grupo y contó sus expectativas para el futuro.
Publicado por Emiliano Azubel eazubel@elrockdemivida.com
La vienen luchando desde abajo hace ya casi ocho años, cuando la banda se terminó de formar, con la llegada de Mariano Zorraquin en batería. Emilio Nicoli, guitarra y coros, uno de los miembros originales, recuerda lo que fue la “prehistoria” de Asterión, junto a Leandro Castañeda, teclados y voz. “Tocábamos en otra banda que se llamaba La Indómita, que cantaba una mina. Ahí empezamos a componer temas juntos, pero esa banda se separa porque era un desastre”, explica Emilio. Luego de dos tener dos discos editados, Asterión vive un momento de expectativa, con proyectos en marcha, un bajista que se incorporó recientemente (Ignacio Ratto) y mucha ilusión para lo que vendrá. “Si algo que nos sobra es fe. Creemos que el objetivo es muy claro, más allá de la plata. Tocar para miles de personas y que salgan nuestros temas en la radio”, remarca el guitarrista sobre los sueños para el futuro.
¿De donde surge el nombre de Asterión?
-Nosotros lo robamos de un cuento de Borges que se llama “La casa de Asterión”. La traducción literal en griego de Asterión es Hijo del Sol. Sale de una lista interminable de nombres y nos pareció que tenía cierta mística. Además, tenemos un vínculo literario en nuestra formación cultural e incluso muchas veces en nuestra letras hay muchos guiños a la literatura.
¿Cómo definirías el estilo musical de la banda?
-Preferiría no definirlo, pero si tuviese que hacerlo creo que es rock-pop, hilando fino. En un momento la banda era súper ecléctica, saltábamos de tocar temas súper rockeros a una cosa muy funk. De ahí a temas muy lentos, o una chacarera y un carnavalito. Pero hace un año y medio, a raíz de empezar a laburar con un productor, Gustavo Santucho, decidimos acotar un poco. Queríamos que nuestro mensaje sea un poco más claro. Abarcábamos demasiadas cosas y eso para el público es, a veces, un obstáculo.
¿En qué medida influyó el productor en sus decisiones musicales?
-Tenemos vicios o formas de laburar muy particulares. Gustavo se tuvo que adaptar a algunas cosas nuestras y nosotros a las de él. Sobre todo laburo dando sugerencias. Fue un ida y vuelta de ideas. Nunca habíamos laburado con un productor y es muy complicado que alguien se meta a opinar de tus temas porque para uno están bien así. Pero en un momento entendimos que los cambios que estábamos haciendo nunca afectaron a los temas. Era pequeñas cosas de estructura que, justamente lo que hacían era clarificar el mensaje que estábamos armando. En ningún momento atentaban contra el espíritu del tema, ni siquiera cuando implicaba cambiar una palabra. Fueron cuatro meses de mucho laburo, que hicieron que cuando nos metimos en el estudio a grabar los cuatro temas que sacamos en un demo el año pasado, las bases salieran en una tarde.
¿Ese demo tuvo un mejor nivel que el disco Paraíso Ansial?
-Creo que hay muchos cambios. Es un nivel arriba en cuanto profesionalismo y eso hizo que el resultado sea mucho más concreto que lo que habíamos hecho nosotros solos.
¿Cómo equilibran ese laburo más profesional con sus vidas personales?
-Es difícil, pero en nuestro caso el profesionalismo pasa por ensayar desde hace cuatro años dos veces por semana. Siempre fuimos una banda muy laburadora. Mi jornada laboral incluye dar clases de guitarra e ir a ensayar. Es un laburo que uno lo hace con muchísimo placer. Nadie te paga por hacerlo, pero mentalmente es parte de tu trabajo. Somos músicos profesionales aunque no ganemos guita con Asterión. Pero tener una banda también implica hacer difusión, buscar fechas, patear, además de tocar y componer. Hay que sacrificar cosas. Por ejemplo, Mariano (batería) está casado y tiene tres chicos. Va ensayar y después se levanta a la mañana y lleva los chicos al colegio. Uno hace este esfuerzo por un plan muy concreto que a veces no depende de nosotros.
¿Cuál es la mayor dificultad que tienen al ser una banda independiente y under?
-La clave de todo es la difusión. En una época era muy difícil grabar un disco, pero con el avance de la tecnología digital y ahora que acá existe la UMI (Unión de Músicos Independientes) que hizo algo impresionante en los últimos siete años, cualquiera puede grabar. El asunto ahora es qué hago con el disco. Decís lo vendó en el show, pero después tenés que generar que venga más gente a verte o te escuche gente nueva. Esta es la parte difícil. O la hacés desde abajo o viene alguien y te pone arriba. La primera opción es durísima y nunca depende de vos.
¿Cómo haces para que llegué esa persona que te ponga ahí arriba?
-Cuando uno va creciendo dice: aprendí a tocar mi instrumento, como funciona una banda, cómo organizar shows, a hacer discos. Pero luego viene algo más difícil que es cómo funciona el negocio de la música. El año pasado entendimos qué era lo que había que hacer para saltar el escalón. Somos profesionales, laburamos con un productor y ahora hay que patear para llevarlo a todos lados, un proceso que todavía continúa. Aunque parezca inútil, hay que ir a la discográfica y dejar el disco igual. Sabemos que hay dos que llegaron a las manos de las personas correctas, pero de ahí a que pase algo es otra cosa. Estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos.
Otro problema es la dificultad que existe para concretar las fechas de los shows.
-También se polariza todo. En este país pasa una cosa que no ocurre en ningún lugar del mundo: los músicos pagan por tocar. Al haber menos lugares, luego de Cromañon, los dueños piden más plata y los que antes no pedía, ahora sí lo hacen. Las chances son pagás o no tocás. Nuestro estandarte es no pagar por tocar, lo cual hace uno o dos años se volvió casi imposible. Por eso buscamos arreglos que nos reditúen y obtengamos un beneficio, sea un mejor sonido o un poco de guita. El concepto de que el dueño te cobre por tocar es un desastre.
¿Hay alguna manera de cambiar eso?
-Hay varias. Es imperioso que haya una intervención del Estado, en cuanto a la regulación y a la sinceración acerca de qué lugares se puede tocar y por qué en ciertos lugares no se puede. Esa es una presentación que hizo la UMI en el INADI. ¿Por qué en un bar podés entrar a tomar algo y hay un cuadro colgado, pero si hay un tipo con una guitarra ya no está habilitado? ¿Por qué se necesita otra habilitación? La UMI plantea que hay una discriminación de los músicos y el INADI ya le dio la razón. Pero el Estado se desliga de este proceso que en Buenos Aires es muy patente porque hay 50 mil bandas. El problema también es que muchos músicos aceptan que la situación es una mierda, pero prefieren pagar. Lo que más me preocupa es que, especialmente en los más chicos, los músicos crecen creyendo que es normal, como es normal bajar un disco de Internet. Pero por ejemplo, si todos los músicos nos ponemos de acuerdo y no tocamos más durante uno o dos años, los dueños se cagan de hambre. Hay que plantarse contra estos tipos y apoyar a la UMI, de esa forma se puede cambiar esto.
3 Comentarios »
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Octubre 28th, 2008 en 10:14 am
grande asterion !!!! grande !!!!
Octubre 31st, 2008 en 4:12 pm
tana maria recomienda asterion !!!!
Marzo 8th, 2009 en 2:03 pm
hola; yo no los conozco.
pero estoy de acuerdo con eso de no pagar por tocar.
y la verdad que es re dificil hacer entrar en razon a la gente…
hay que insistir con eso…
un abrazo
aguante la musica!!!